Estar enamorada es algo hermoso: pensar en esa persona, experimentar alegría, sentir mariposas en el estómago… ¡Bonito! Pero hoy le vamos a quitar poder al enamoramiento. Lo vamos a poner en su lugar. No porque sea malo, sino porque, aunque es intenso, no debe ni puede ser el director de tu alma.
No sé si las girls hoy dicen: “Hay química” para referirse a que existe conexión con una persona. Pero… en mis tiempos así decíamos, y es una frase que revela perfectamente lo que el cuerpo experimenta: química. La dopamina genera una emoción intensa y curiosidad; la oxitocina produce apego, esa sensación de extrañar a la persona y no querer colgar la llamada; y, por último, el cortisol provoca pensamientos activos imaginando escenarios futuros (fantasías), no precisamente de estrés, sino sobre el futuro.
Tu mente madura, las enseñanzas de tu mamá y las lecciones de la Pastora Mely quedan hasta atrás en la fila de prioridades. El enamoramiento altera nuestros pensamientos, percepciones y decisiones. No es broma cuando dicen que el enamoramiento es ciego.
Sabiendo que estás en un estado vulnerable, hoy quiero compartirte tres cosas que te ayudarán a atravesar el enamoramiento sin permitir que se convierta en el director de la orquesta de tu futuro.
El enamoramiento no decide
El enamoramiento no te dice si la persona que está frente a ti es la indicada. Tampoco decide tu futuro. Puedes sentir poco y estar ante alguien correcto, o puedes sentir intensamente algo por alguien que no es comprometido, sabio ni justo. Sentir no es lo mismo que elegir bien. Esa intensidad que experimentas es una reacción, no el capitán de tu vida.
No le des el poder de decidir; en lugar de eso, pide consejo y ve más allá de lo que sientes.
“El corazón es engañoso…”
Jeremías 17:9
El enamoramiento no es la confirmación de Dios
La química no es un lenguaje espiritual. Que todo fluya no es una señal divina. Dios no habla en dopamina; habla en carácter. Eso significa que debes escarbar, esperar y orar, no solo por el corazón de la otra persona, sino también por el tuyo.
Hay algo más poderoso que el enamoramiento: la oración. Si estás enamorada, con verdadera humildad pídele a Dios ver con Sus ojos. ¡Estoy convencida de que Él responderá!
“Examinadlo todo…”
1 Tesalonicenses 5:21
El enamoramiento revela muchas otras verdades
El enamoramiento no solo habla de lo que te gusta, sino también de lo que te falta. Esto es duro, pero a veces el enamoramiento revela si realmente estamos sanas.
¿Te obsesionas? Eso puede señalar un vacío.
¿Te enamoras muy rápido? Eso habla de hambre emocional.
¿Tienes grandes fantasías? (Quizá incluso con alguien que ya te dijo que no le gustas). Tal vez existe una necesidad de validación.
¿Te aferras demasiado? Mmm… ¿será que hay miedo a estar sola?
Si te das cuenta, cuando nos enamoramos pareciera que solo salen cosas bonitas de nosotros, pero también es una buena oportunidad para descubrir qué nos hace falta sanar. Muchas veces, lo que sientes por alguien habla más de ti que de esa persona.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.
Proverbios 4:23
El enamoramiento no es un enemigo; de verdad, a mí me gusta mucho ver a las personas enamoradas. Pero no es el líder. Se puede observar, educar y ordenar.
Creo firmemente que Dios nos permite experimentar estas emociones intensas, pero nuestro final no debe ser como el de Sansón. El enamoramiento jamás ha sido la meta ni la brújula. El camino es el amor verdadero.
“Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
1 Corintios 13:7
Por: Madis Sanchez