No, no todos tienen un pasado duro, difícil, traumático y hasta vergonzoso.
Pero hoy, orando por este blog y a quienes alcanza, Dios puso en mi corazón expresarme hacia las personas que tienen un PASADO PESADO.
Muchas personas experimentan un historial difícil por malas decisiones. Entrar conscientemente al camino ancho con los dos piecitos, corriendo hacia el mal y sabiendo que está mal… pecar. Pecar determinadamente. Parece chiste, pero es anécdota. Este puede ser un pasado pesado. La vergüenza de haber decidido mal, de haberle fallado a Dios y a otros. Adán culpando a Eva en el Edén. Caín diciendo a Dios: “¿acaso soy guarda de mi hermano?”. Moisés huyendo al desierto. David escribiendo el Salmo 51… en fin. Pasado pesado.
Otro grupo de personas quizá experimenta la aflicción de las malas decisiones de otros. Un padre alcohólico, el abandono, el dolor de lidiar con una madre histérica, el abuso de “niños inocentes” en el colegio; en otras palabras, más ligeras, y aún más ligero el anglicismo bullying. Un maestro que repetía una y otra vez regaños. Besos sin consentimiento… abuso, violación. Violencia. No quiero ser trágica, pero es que estas son las realidades de muchas personas: pasado pesado. No por lo que hicieron, no por sus decisiones, no porque querían, sino porque fueron el depósito del error de alguien más. Pasado pesado. Y pareciera que el único camino es perdonar. Urías, Abel, Esteban, los discípulos de Jesús… todos y cada uno de ellos fueron víctimas. Pasado pesado.
Como sea, por malas decisiones o por las malas decisiones de alguien más, Dios quiere que seas libre del pasado. Sin importar si el pasado te señala a ti o a otros, no puedes vivir tu vida en plenitud ni continuar caminando hacia adelante cuando los recuerdos y la atención tienen los ojos viendo hacia atrás. Porque esos ojos traerán tropiezo: resentimiento, vergüenza, paralización, repetir lo mismo una y otra vez, angustia, dolor… y empeorando más: descaro.
“Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo”. 2 Corintios 5:17 (DHH)
¡Tenemos esta maravillosa promesa! No importa quiénes seamos, qué hayamos hecho o qué nos hayan hecho, Jesús puede transformarnos y transformar nuestro futuro y eternidad.
Hoy es un buen día para que te comprometas con el proceso de confesión, arrepentimiento, cambio, determinación para soltar la culpa. El enemigo usa la culpa porque provoca que te escondas, que retrocedas, que no tengas esperanza sobre ti y sobre el futuro. Pero la palabra de Dios hoy puede atravesar tu corazón y ser pronunciada por tus labios, y hacerte ver el regalo que Dios te da: Él dejó tu pasado en la cruz a través del sacrificio de Jesús. ¡Él ya te perdonó!, pero no solo te libera del pecado o del resentimiento, sino también de la culpa que genera.
Le pido a Dios que hoy te levantes y ores: Soy libre.
Por: Madis Sánchez