A todas nos han roto el corazón. Quizá fue tu papá esa vez que te alzó la voz o tu mamá con una mirada de decepción, tu mejor amiga o incluso ese ex novio al que no puedes ver ni en Instagram. Aprendí algo cuando rompieron el mío: no lo debo esconder en un caparazón.

Por mucho tiempo viví con un mecanismo de defensa parecido al de las tortugas, cada vez que sentía que algo podía lastimarme huía a mi “caparazón”. Endurecí mi corazón creyendo que esa era la forma de volverlo indestructible, pero un corazón de piedra no late, no tiene vida.

Marcos 5 relata la historia de una niña a la que la multitud creía muerta, pero Jesús tenía planes diferentes para ella. “Calló las voces diciendo ‘la niña no está muerta, solo está dormida’”. Te traigo buenas noticias, Dios también tiene planes distintos para ti y hoy quiere devolverle la vida a tu corazón.

Un corazón humilde, genuino, que ama sin medida y no lleva la cuenta de las veces que perdona es un verdadero corazón indestructible.


Por: Ana Mayorga