Recuerdo que cuando estábamos en la serie “Caliente” en Lead, Juan Diego les hacía preguntas random e incómodas a los hombres frente a la cámara y lo subía a sus redes sociales: “de uno a diez, ¿qué tan caliente sos?”, preguntaba. Me encantaba ver que la mayoría de hombres eran bien honestos al responder, otros se avergonzaban y no decían nada, pero la mayoría contestaban con una sonrisa pícara: “diez y hasta cien”.

Al ver la reacción de los hombres, me dio curiosidad de preguntarle lo mismo a las mujeres. Lo hice con dos o tres que sólo se rieron y no me dieron un número antes de que me llamaran la atención. Me dijeron: “esa pregunta es muy vulgar para una mujer”. Así que por respeto lo dejé de hacer aunque no compartiera la misma opinión. Siendo honestas, nosotras también tenemos nuestras hormonas, ¿o no?

Pablo menciona en 1 Corintios 5:1, “Me cuesta creer lo que me informan acerca de la inmoralidad sexual que hay entre ustedes, algo que ni siquiera los paganos hacen. Me dicen que un hombre de su iglesia vive en pecado con su madrastra”. ¡Claro que dentro y fuera de la iglesia existe la inmoralidad sexual y por eso en necesario hablar del tema! El apetito y placer sexual fueron creados por Dios, por lo tanto es bueno, pero se vuelve inmoral cuando se corrompe el diseño, la naturaleza y el propósito divino de Dios.

Tuve una relación de noviazgo larga con Juan Diego. Duramos 4 años y 4 meses antes de casarnos y nos costó mucho llegar vírgenes al matrimonio. Aunque lo logramos, hubo muchas caricias y besos de más. Lo pudimos hablar entre nosotros, pero nunca lo hablamos con alguien más por vergüenza. Y ese es mi primer consejo:

Si estás batallando con alguna inmoralidad sexual, es importante que lo hables con alguien que te pueda ayudar. Quizás nunca has confesado que ya tuviste relaciones, que te masturbas, que has estado con otra mujer, que estuviste con alguien casado, que te metiste con algún familiar, que te tomas fotos desnudas, que miras pornografía, que estás pensando en abortar o que abortaste.

En 1 Juan 1:8-9 (NTV) dice, “Si afirmamos que no tenemos pecado, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos y no vivimos en la verdad; pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.

Mi segundo consejo es que perdones, quizá tengas que empezar contigo misma. Luego perdonar a quien te enseñó la pornografía, a tu amiga que te incitó a que le dieras un beso, a tu ex novio que expuso tus fotos o les contó a sus amigos que tuvieron relaciones sexuales, a la persona que abusó de ti.

Y por último, responsabilízate. ¿Qué vas hacer con tu situación? No le eches la culpa a nadie, esa es la salida más fácil y la más irresponsable. ¿A quién tienes que dejar de hablarle? ¿Qué páginas tienes que eliminar? ¿Qué relaciones tienes que terminar?

Quizás las personas no han podido lidiar con tu pasado, pero Jesús sí sabe. Para tus imperfecciones está Él, quien es perfecto pero no te juzga, no se alarma, pero si te ama. Te ama tanto que no te dejará como estás.

Te mando un abrazo y espero que este texto te sirva.


Por: Meli de Luna