Un silencio abrumador y cómo salir de él

“La vida es dura”, les cantaba mientras escondía en una canción ridícula el dolor de mi corazón. Con un suspiro les contaba a mis amigas que estaba sumergida en un dolor penetrante. Uno de mis cantantes favoritos lo describe como “un rayo en el pecho”. Muchos lo predican como depresión.

Jamás me he atrevido a llamarle “depresión” a ese estado de profundo silencio en mi alma que pasé hace unos años, pero sé que sentía mucho dolor. Recuerdo que me encorvaba al acostarme en la cama y lloraba de madrugada esperando que nadie me escuchara. La ducha era el lugar perfecto porque nadie se daría cuenta que las gotas que rociaba eran de desesperanza.

¿Te has sentido así? ¿Has llegado al punto de no saber por qué lloras o por qué te falta el aire? Recuerdo haber escrito en un cuaderno con carátula promocional tantas canciones, tantos poemas en donde desgarré mi corazón sin opción a respuestas. Dejé de comer porque ni el apetito se me quería aparecer y con la puerta cerrada gritaba en un susurro: ¿por qué a mí?

El silencio puede ser aterrador, pero allí fue donde lo encontré. La Luz. La Voz. La Solución. Se presentó a mí como una “paean” o “canción de victoria”. Sin importar el origen de la ansiedad o depresión que sentía me enteré de que Él era capaz de cambiar esos dolores interiores en un despertar, que era capaz de abrir la cárcel mental que me tenía atada de manos y pies. Experimenté ese escrito antiguo que dice “Entonces, Él transformó mi dolor en danza. Me quitó mi ropa de luto y me vistió de fiesta” Salmos 30:11; Nueva Biblia Viva (NBV).

No fue un proceso fácil, tampoco corto. Lo que sí puedo asegurarte es que fue efectivo. Su amor fue paciente en escuchar cada uno de mis sentimientos y con su Palabra reescribió mis argumentos. Se dedicó con ternura a sanar cada uno de los cráteres en mi corazón y me dio una nueva razón para seguir viviendo.

Si estás pasando por alguna de estas situaciones, no debes pasarlo sola. Busca ayuda de profesionales y háblalo con alguien de confianza, pero lo más importante es que te presentes frente a Jesús transparente y confíes que a medida que tú te dejes, Él transformará cada dolor en una sonrisa.

“Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y Él se fijó en mí y oyó mi clamor. Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango. Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me estabilizó. Me dio un canto nuevo para entonar un himno de alabanza a nuestro Dios. Muchos verán lo que él hizo y quedarán asombrados; pondrán su confianza en el Señor” -Salmos 40:1-3 Nueva Traducción Viviente (NTV)