No sé si te gusta leer la Biblia tanto como a mí, hay unas historias que me las imagino y me emociono. Una de ellas es la de Raquel, una mujer suertuda en mi opinión; era muy bonita, tanto que un hombre llamado Jacob trabajó para el padre de Raquel por siete años solo para casarse con ella. Cuando finalmente cumplió el plazo y toda la historia parecía llegar a su “felices para siempre”, resulta que el padre lo engañó dándole a la hermana mayor. Entonces, Jacob decidió trabajar siete años más para finalmente quedarse con la mujer que amaba. Qué romántico, ¿no?

En algún momento pensé, ¿será que alguien haría eso por mí? ¿Será que cumplo los requisitos para ser una mujer así de anhelada por alguien? Permítanme abrirles mi corazón un poco, nunca fui de tener “citas”. Mis papás hasta bromeaban y me preguntaban si estaba saliendo con alguien, pero lo cierto es que no. Suena triste, ¿verdad? El punto es que veía a mis amigas con novios, salían a tomar un café con amigos y de repente les entraba un mensaje de texto romántico. Yo, en cambio, solo recibía un mensaje indicándome que me quedaba 50% de Internet.

Llegué a pensar que los hombres solo me veían como un “brother” más o que no era bonita para llamar su atención. Tal vez no debía ser tan extrovertida porque ahuyentaba a los hombres o es que era demasiado “macha”. ¡En fin! Pensaba cada cosa, pero la cuestión era que me había graduado de la universidad y aún no había tenido novio. Llegó a tal punto que mi papá me dijo: “creo que eres muy exigente y no aceptas a nadie”, a lo que yo le contesté: “Pero si nadie me habla, ¿cómo puedo saberlo?” Me da risa solo escribirlo.

Llegué a los 23 años y nada de nada. Ni un novio de “mano sudada”, hasta que me dije a mi misma, “a lo mejor te vas a quedar sola; pero no pasa nada Katherine, sea como sea, vas a ser feliz”. Comencé a sentirme completa, feliz y plena tal y como estaba. Mejoré mi relación con Dios sin ningún interés, solo quería conocerlo tanto como Él me conoce a mí (aún sigo en ese proceso). Dejé de pensar en todo el asunto del “novio”; me enfoqué en estar sola para crecer y ser quien hoy soy.

Todo iba bien, cuando adivinen qué pasó. Una persona que tuve cerca desde que tengo 17 años se hizo mi novio a los 24 años de la forma más random posible. ¡Jamás imaginé que íbamos a estar juntos con Nando (mi amigo, ahora novio)! Hoy, estoy a poca semanas de casarme con él. Con mi primer y único novio. Qué romántico, ¿no?

En todo este proceso aprendí algo que les quiero compartir. Todo tiene su tiempo. Te aseguro que en la vida tendrás tiempo cada etapa. ¿Sientes que pasan los años y que te vas a quedar sola?, o ¿no has logrado lo que deseas? ¡Mentiras! Falta mucho por vivir y disfrutar. Busca tu felicidad en Dios y en ti misma. No existe la media naranja, eso significaría que estás incompleta por la vida. Ya estás completa, eres única, bonita y hay mucho futuro para ti.

Yo le dije a Dios un día, “si me hubieras dado un adelanto de mi futuro quizás no me hubiese afanado tanto”. ¡Pero así que chiste! Te invito a vivir por fe, amar más, servir más, salir con tu familia más, amarlos como nunca, hacer amigos, ayudar a otras personas, hablar con Dios. Te aseguro que en cualquier momento Dios te sorprenderás con mayores cosas. ¡Decide ser feliz con lo que tienes!

Último consejo: Lee Eclesiastés 3: 3

Un abrazo.


Por: Kath Wilhelm

Foto por: Chirobocea Nicu