Desde niña mi sueño fue casarme y tener hijos; no me veía estudiando o trabajando, sino cuidado a mis hijos. ¡Cómo pasa el tiempo jeje!

Cuando cumplí 28 años fue un día de mucha celebración, pero también aflicción porque “me estaba dejando el tren”, como dirían algunos. Me sentía feliz como mujer soltera, había vivido muy malas experiencias en relaciones pasadas y en ese momento no quería novio. Estaba feliz, pero sentía cierto nerviosismo al pensar que podía quedarme soltera para siempre. Sí, seguía saliendo con chavos -unos buenos, otros no tanto-, pero no era feliz y estaba cansada de ese dating.

Un día platiqué con Dios y le dije que ya no quería seguir buscando y que le entregaba ese sueño. En cambio, comencé a buscarlo a Él con todo mi corazón, a esforzarme para vivir en santidad, hacer cambios necesarios en mi vida y me dediqué a servirle en todas las áreas posibles.

Justo allí, cuando me sentía realizada y feliz conmigo misma, sin buscar ni querer, me enamoré de mi mejor amigo. Un tiempo después, cuando me propuso matrimonio, me reí mucho. Él es 6 años menor que yo y por las heridas de mi pasado no le creía. Dios me habló y me dijo que a pesar de mi edad, de mis errores y mis faltas, Él me estaba dando la oportunidad de volver a soñar en ese “príncipe azul”.  Once meses después nos casamos y hemos sido muy felices desde entonces.

¿Crees que ya estás muy grande o que por lo que viviste en tu pasado no eres digna de un buen hombre? Te comparto algo que aprendí: esa es una mentira del diablo que se ha metido en tu corazón para engañarte.

Cree que eres valiosa, no por las fotos que te tomas, por cuánto enseñas o cuánto te maquillas. ¡Eres valiosa porque eres hija de Dios! Él te ha destinado a cumplir tu propósito conforme a Su corazón, que es bueno, agradable y perfecto. Suelta el afán y la ansiedad por buscar a un hombre, gózate y disfruta tu soltería; cuando estés en tu plenitud, cuando menos lo esperes, conocerás al hombre de tu vida.

Dios fue bueno conmigo, no merecía a un buen esposo, pero Él me lo dio y creo que también te pasará a ti.


Por: Raquel Rendón

Foto por: Etienne Boulanger