Recuerdo que de pequeña batallé con el sobrepeso. Me gusta mucho comer y en ese tiempo no balanceaba mi alimentación. Yo quería el cuerpo de mis amigas. Todas, menos yo, tenían un abdomen plano y yo deseaba eso. No por envidia, sino porque me sentía insegura con mi físico. Y para serte honesta, no ha sido la única vez en la que he querido ser alguien más.

Considero que las redes sociales provocan, aun más que antes, el deseo de ser otra persona. Generalmente, cuando te comparas con lo que ves en Instagram, el sentimiento es que no eres lo suficientemente bonita, inteligente, delgada, popular, etcétera. Esta percepción afecta nuestras emociones y nuestra seguridad. Buscas esforzarte más y luego te das cuenta de que todo está girando alrededor de lo que deseas proyectar.

Al respecto, he descubierto en la Biblia casos interesantes. Lucifer quiso ser como Dios, también leo que el diablo convenció a la mujer con la tentación: “Serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal”. Hay algo que no funciona con esa necesidad de ser alguien más por las razones incorrectas. Lucifer ya era un ángel hermoso, la mujer ya estaba hecha a imagen y semejanza de Dios. Tú y yo ya somos alguien, somos valiosos y únicos porque Dios no hace casualidades y tampoco repite nada en su creación.

En la Biblia también he leído sobre Juan el Bautista y me sorprende descubrir que era alguien demasiado original. Las Escrituras detallan que usaba ropa tejida con pelo rústico de camello y llevaba puesto un cinturón de cuero. Se alimentaba con langostas y miel silvestre. A pesar de que era primo de Jesús, jamás quiso ser como Él. Juan sabía quién era, cuál era su propósito en la vida y estaba completamente cómodo con eso. A pesar de que las personas le preguntaban quién era él, en ningún momento tuvo la intención de decir que era el Mesías. Al contrario, respondía con toda franqueza y humildad que su propósito era abrirle camino a Jesús. La clave para tener esa gran confianza en sí mismo era saber que el asunto importante no se trataba de él sino de alguien más de su familia.

Mientras más conocemos a Jesús, más nos conocemos a nosotros mismos. En una oportunidad, Jesús preguntó a sus discípulos quién era Él. Todos le decían algo diferente, sin embargo, no le molestaron las respuestas porque estaba seguro de quién era. El único que pudo responderle fue Pedro y fue a quien le dio una nueva identidad con estas palabras: “Ahora te digo que tú eres Pedro (que quiere decir “roca”), y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no la conquistará. Y te daré las llaves del reino del cielo. Todo lo que prohíbas en la tierra será prohibido en el cielo, y todo lo que permitas en la tierra será permitido en el cielo”. Mateo 16:18-19.

Es normal que pasemos momentos de inseguridad. Si el diablo se atrevió a tentar a Jesús en su identidad también lo hará contigo y conmigo. No te compares ni trates de ser alguien que no eres. Cuando batalles con esos momentos y emociones solo recuerda que eres único, que tienes un propósito y mientras más conoces a tu Creador, más te conoces a ti mismo. Así que acércate a tu Padre para que te revele y fortalezca tu identidad.

Escrito por: Melissa de Luna

Foto por: Ugur Akdemir


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