La vida está llena de momentos únicos que nos motivan a sacar lo mejor de nosotros. Sea en una entrevista de trabajo o en una primera cita, cuando sabemos que solo tenemos una oportunidad para alcanzar nuestro objetivo nos esforzamos al máximo y normalmente usamos nuestras mejores herramientas. De igual forma, el enemigo tuvo una sola oportunidad de tentar a Jesús cuando estaba en el desierto y es probable que haya usado sus “mejores tentaciones” con el fin de hacerlo caer. Si él estuvo dispuesto a tentar al Hijo de Dios de esa forma es probable que intente tentarte a ti también.

La Biblia dice en Mateo 4:1: “El Espíritu llevó al desierto a Jesús para que el diablo lo sometiera a tentación”, por eso lo primero que debes entender es que el desierto que puedes estar pasando en algún área de tu vida tiene un propósito. Es el espíritu quién muchas veces nos lleva a ese desierto para formar nuestro carácter o fortalecer nuestro espíritu, pero no olvides que el desierto es solo un camino que te llevará a lo que Dios te prometió y son tus decisiones las que pueden hacer que te quedes 40 años en vez de 40 días.

La primera tentación: “Lo que necesitamos”

Luego de que Jesús ayunara 40 días tuvo hambre y fue en ese momento de necesidad cuando el enemigo hizo la primera tentación. Mateo 4:3 dice: “El tentador se le acercó y le propuso: Si eres hijo de Dios ordena a estas piedras que se conviertan en pan”. Muchas veces el enemigo buscará tentarte con lo que necesitas para hacerte dudar del poder de Dios, te dirá: “Si eres hijo de Dios ¿por qué estás pasando problemas económicos?” o “Si Dios es todopoderoso, ¿por qué estás enfermo?”, porque él quiere que ahogues tu fe con la duda y no veas el milagro que has estado esperando.

La segunda tentación: “Lo que sentimos”

Mateo 4:5-6 dice: “Después el diablo lo llevó al punto más alto del templo de Jerusalén y dijo: Si eres hijo de Dios, ¡tírate! Pues las Escrituras dicen: Él ordenará a sus ángeles que te protejan y ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”. El enemigo buscó jugar con los impulsos emocionales del lado humano de Jesús al decirle que se tirara, así como muchas veces nos dice a nosotros “Ya que sos bastante santo, ¡anímate! Y acepta pecar un poco, igual la Biblia dice que no caerás”, y si nos dejamos llevar por nuestro emocionalismo haremos cosas que pondrán en riesgo nuestra vida espiritual. No dejemos que el enemigo juegue con el lado sanguíneo que todos tenemos en un porcentaje en nuestra personalidad porque esa puede ser nuestra caída.

La tercera tentación: “Lo que no nos corresponde”

Luego dice la Biblia que el enemigo llevó a Jesús a una montaña muy alta donde le mostró los reinos más grandes y le dijo: “Todo esto te daré, si te arrodillas y me adoras”. Esta tentación es parte de la naturaleza del enemigo ya que fue expulsado del cielo por buscar algo que no le correspondía (la adoración) y por eso constantemente buscar provocar que lo adoremos, algo que no nos corresponde hacer a nosotros porque solo debemos adorar a Dios. Ahora sé que nadie se imagina cantando canciones satánicas, por lo que es fácil pensar que no caeremos en adorar al diablo; sin embargo, nuestra vida es una adoración, con cada acción y cada decisión que tomamos adoramos a Dios o al enemigo. No caigas en hacer lo que no te corresponde: al adorar al diablo, sino que busca hacer con tu vida lo que te corresponde por naturaleza y adorar al Señor con tus acciones.

Es importante que entiendas que el enemigo busca con estas tentaciones que pongas en duda el poder de Dios y tu identidad de hijo de Él, por eso siempre le decía a Jesús: “Si eres hijo de Dios...”, pero Jesús venció estás tentaciones de la misma forma que tú puedes vencerlas: conociendo lo que la Biblia dice de ti; por eso Jesús siempre respondió: “Escrito está”, porque conocía la Palabra de Dios y su poder.

El enemigo no podrá hacerte caer si reconoces el poder de Dios y entiendes que eres su hijo, pero es necesario que leas la Biblia y reconozcas quién eres y las promesas que hay para ti gracias al sacrificio de Jesús.

Por: Luis Tuchez