Tengo 31 años, sí 31. De pequeña jamás imaginé que iba a llegar a esta edad, ¡pero llegó! Con el transcurso del tiempo empecé a acumular sentimientos y heridas que solo hacían que llevara un peso encima. Gracias a Dios, un día decidí botarlas de mi vida, entregárselas a Él y mi vida cambió

¿Cuántas cosas no es necesario que botemos y desechemos de nuestras vidas? Y después que las dejamos, ¿que pasa?  ¿Nos quedamos vacíos o nos llenamos de algo más? Lo bonito de ir con Dios es que siempre tiene algo nuevo para darnos, pero para que lo haga, es necesario que nos vaciemos. ¿Cómo? Dándole a los demás lo que Él nos ha dado.

De la misma manera como dejamos lo negativo, botemos lo bueno y lo que edifica. Entreguemos nuestra vida, sirvamos y demos todo lo que que tenemos de Dios a alguien más y veremos cómo Él nos volverá a llenar.

¡Solo dispone tu corazón para dar lo que Dios te ha dado! Dile a Jesús: “Heme aquí” y permite que Él te use para bendecir a alguien más. Déjate sorprender, porque cada vez que Dios te llena, es de algo mucho mejor .

Por: Raquel Rendón de Alvizuris.