Algún tiempo atrás me dieron la oportunidad de viajar a un país muy lejos de Guatemala con el fin de estudiar. Cuando me dieron la noticia, el primer pensamiento que tuve fue: ¿Pero quién me cuidará allá? Al pasar los días también pensé: ¿Y qué comeré allá? 

Esas dos cosas eran muy preciadas para mi porque eran fundamentales en mi día a día. Tenían tanto peso que por momentos pensaba en rechazar el viaje y no renunciar a toda la comodidad que tenía en casa; hasta que un día me decidí y dije ¡VÁMONOS!

Mentiría si dijera que no pasé penas en el viaje, pero estoy segura que hacerlo fue la decisión correcta. Esa experiencia ha sido quizás la formación mas intensa, dura y genial que he tenido a lo largo de mi vida; y todo gracias a que decidí salir de mi comodidad y tirarme al agua.

¿Qué pasa cuando estamos cómodos en nuestra vida espiritual? Quizás tu caso es que haz sido líder de un Bonding Group por tanto tiempo que ya lo haces con los ojos cerrados; quizás es que ya te sabes de memoria todas las canciones y no adoras a Dios con todo el corazón; quizás es que ya no buscas a Dios con el mismo ímpetu como lo hacías cuando recién te convertiste; o quizás sea que haz reducido tu tiempo a solas con Dios.

Ser cristiano no se trata de cumplir un manual ABC tachando la lista de cosas por hacer. Se trata de buscar a Dios de corazón y amarlo sobre todas las cosas.

Lucas 9: 23  (TLA) dice  «Si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que olvidarse de hacer lo que quiera. Tiene que estar siempre dispuesto a morir y hacer lo que yo mando.” 

Muramos a nosotros mismos, para que Jesús viva en nosotros.

Por: Alu Barrios