Hace unos años vi un programa llamado Jefe encubierto, en donde presidentes de grandes empresas se disfrazan y comparten de forma anónima con sus empleados, para conocer cómo trabajan cuando su jefe no está y saber qué piensan de la empresa y de quienes la dirigen. Al final de cada programa los jefes recompensan a los mejores empleados con excelentes incentivos, pero a quienes resultan ser malos empleados los despiden.

Luego de ver muchos episodios me di cuenta que quienes eran recompensados por ser buenos empleados normalmente eran aquellos que hacían su trabajo como si ellos mismos fueran los dueños de la empresa, mientras que los que eran despedidos eran aquellos que solo estaban en la empresa por un salario.

Ahora imagínate algo: ¿Qué pasaría si te dijera que trabajas en una empresa que se dedica a cuidar y bendecir personas? ¿Qué pasaría si te dijera que Dios es el presidente de esa empresa y está observando cómo haces tu trabajo? ¿Será que vería con agrado a un empleado que cuida de las personas con amor, o a alguien que solo discipula a otros para recibir las bendiciones que quiere o cree merecer?

Lamentablemente, muchas personas se van de las iglesias o grupos precisamente porque muchos líderes hacen su trabajo por interés o simple costumbre, no por amor y agradecimiento. La Biblia dice en Juan 10:11-15 que quienes solo trabajan por un sueldo o beneficio, cuando llegan los osos y los leones ―o sea, los problemas― huyen y dejan morir a las ovejas porque no son suyas, pero el buen pastor está dispuesto a dar su vida por las ovejas porque las ama como si fueran suyas.

Jesús decía: “En los negocios de mi Padre me conviene estar”, y si has leído la Biblia lo suficiente sabrás que el negocio de Dios es la salvación de almas, así que como hijos adoptivos de Dios nos conviene estar en donde está el corazón de nuestro Padre.

¿Estás dispuesto a estar en el negocio de las almas? Pero, sobre todo, ¿estás dispuesto a trabajar como el dueño? Si no tienes la respuesta clara te diré algo: yo hoy soy salvo gracias a que mi líder no trabajó solo por un salario o recompensa, sino porque yo era su oveja y él era mi pastor, y por eso no permitió que yo muriera.

Por: Luis Tuchez