En el colegio y la universidad siempre hay materias o asignaciones que nos pueden llegar a complicar la vida (y a algunos hasta amargarla). Una de ellas es matemáticas.

Los problemas, las sumas, restas, divisiones y las miles de hojas cuadrícula en serio nos pueden provocar frustraciones intensas. Pero si algo aprendí de matemáticas es que en la mayoría de casos no lograba resolver los problemas por algo que me hacía falta: algún dato que no tomaba en cuenta por despistado u otra información que por no poner atención en clase obvié. Esto nos pasa en la vida también.

Muchas veces tenemos el problema de no celebrar el éxito de alguien más y no lo resolvemos porque nos hace falta algo: no podemos alegrarnos por los logros de otros porque no podemos dar lo que no tenemos. Si no estamos ni siquiera contentos con nosotros mismos, ¿cómo podemos esperar alegrarnos por lo bien que le va a alguien más?

Sé feliz contigo mismo y entonces podrás celebrar lo bien que le va a los demás.

Escrito Por: Fernando Pappa