Un día estaba viendo el atardecer desde la ventana de mi cuarto, y en uno de esos arranques de introspección que a veces me dan, tome una foto del bonito paisaje. Después busqué un buen filtro para que la foto se viera mejor, pero tras unos minutos de búsqueda me di cuenta que era imposible mejorar la puesta de sol que Dios había diseñado ese día.

En esta época pareciera que todo necesita una edición, filtró u arreglo para verse mejor, como si la belleza girara entorno a la perfección de algo o alguien. Y es ahí cuando me encuentro con este versículo: “Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.” Romanos 5:8 (NTV)

El ser humano se encontraba en su peor versión, y a pesar de eso Dios mandó a Su Hijo para restablecer Su relación con nosotros. Nos aceptó a pesar de nuestros errores e imperfecciones. No teníamos ningún filtro para vernos mejor y sin importar eso Él buscó acercarse a nosotros.

Estamos tan acostumbrados a mostrarnos con algún tipo de filtro ante la sociedad para que nos veamos mejor de lo que en realidad somos y así seamos aceptados. Y nuestro más grave error es que llevamos esa mecánica a nuestra relación con Dios: tratamos de ocultarle nuestros errores, debilidades y pecados, sin darnos cuenta que eso provoca que Él no pueda trabajar en ellos.

Dios no nos tiene que ver con filtros para que le parezcamos mejores, Él nos ama tal y como somos. Las pantallas funcionan a veces para impresionar a personas que piensan que el estándar de belleza es la perfección; pero Dios nos ha enseñado una y otra vez en Su palabra que Su relación con nosotros está basada en nuestra imperfección.

Dios nos acepta y ama, no por la ausencia de errores o debilidades en nuestras vidas, sino porque Su amor es abundante como para cubrirlos y transformarlos.

El perfecto amor cubre multitud de errores y Su amor para con nosotros es perfecto. Por eso hoy podemos acercarnos a Él sin necesidad de ningún filtro que cubra nuestra imperfección.

Por: Diego Herrera