Recuerdo cuando Juan Diego me regaló una Biblia Nueva Traducción Viviente y como buena mujer, quería que me escribiera un mensaje bonito. Una mañana de sábado, en el comedor, yo tenía esa Biblia en mis manos y le recordé que estaba a la espera del mensaje. Él tomó un lapicero, me escribió algo bien lindo y se fue al baño. Rápidamente, abrí la Biblia y mientras leía lo que me escribió, se me empezaron a salir lágrimas. Sentí como que se estuviera despidiendo de mí y que me dejaba la Biblia para seguir adelante con mi vida. ¡Me preocupé muchísimo! Tanto que cuando salió del baño, lo abracé y no podía dejar de llorar. “Chini, ¿qué paso?”, me dijo. Yo sollozaba de tal forma que no podía ni hablar, hasta que unos minutos después, me calmé y le expliqué.

Hay muchas cosas que me angustian; una de ellas es pensar en la muerte de Juan Diego o de algún familiar cercano. Esto me hizo reflexionar en que la preocupación no es mala en sí misma porque te permite reaccionar a situaciones o ante la necesidad de otros. Por ejemplo, cuando amas a alguien, te preocupas por esa persona, estás pendiente de lo que le sucede y necesita. El problema surge cuando esa angustia es tan grande e intensa que en vez de ocuparte por hacer algo, solo te preocupas sin hacer nada, así que la cuestión se convierte en ansiedad.

Normalmente, cuando solo le das vueltas al asunto sin buscar soluciones concretas, los pensamientos se vuelven negativos. ¿Qué te preocupa o te pone ansioso? Puede ser el trabajo, el dinero, las deudas, una adicción, una enfermedad, tus estudios, la relación con tus papás, tu futuro, la soltería…tantas cosas.  

La Biblia nos enseña en Filipenses 4:8 (NTV): ”Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.” 

Es muy fácil que la preocupación se instale en nuestra mente, por eso, es importante contrarrestarla con buenos pensamientos. Un ejercicio que te puede ayudar es reflexionar: “¿Hoy puedo hacer algo por esa preocupación o no?” Si estás preocupado por tu rendimiento en los estudios, ¡claro que puedes hacer algo! Piensa en el día de tu graduación, estudia más y ganarás la clase que te preocupa. Si estás preocupado por el matrimonio de tus papás, puedes orar, pero no puedes meterte en sus problemas, no puedes tomar una decisión concreta porque eso no te corresponde.

Filipenses 4:6-7 (NTV) dice: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.”

¿A quien le estás llevando tus preocupaciones? Es bueno que tengas amigos que te ayuden a orar, pero lo mejor que puedes hacer es llevarle esa preocupación a Dios. Dale gracias por todo lo que sí tienes y pídele lo que necesitas para superar la ansiedad. De esta forma, experimentarás esa paz que sobrepasa todo entendimiento, la que viene del Señor, esa paz que ninguna pastilla, bebida o persona pueda darte.  

Por: Melissa de Luna


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