¿Te ha pasado que cuando empiezas a salir con alguien te comportas de forma diferente con tal de impresionar a esa persona y cumplir sus requisitos? O el caso contrario, ¿esperas que las personas sean de tal manera para entrar a tu grupo de amigos?

Me he dado cuenta que para pertenecer a un equipo de futbol, un trabajo o un grupo de personas, debemos cumplir cierto estándar y llenar los requisitos con tal de ser aceptados. Pues en mi caso, pensaba que también era así con Dios. Que todo en mí tenía que ser perfecto para poder ser parte de Él y de Su familia.

En 1 Juan 3:1 dice:  “¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él.”  Con el tiempo Dios me fue enseñando que nos acepta tal y como somos, recibimos Su amor sin merecerlo y nos llama Sus hijos, por lo que no necesitamos llenar alguna lista de requisitos o una solicitud de aprobación para ser parte de Él.  Pero muchas veces, aun sabiendo esto, seguimos buscando la aprobación de los demás para sentirnos valiosos, seguros o aceptados. 

Una vez leí una frase que decía: “Si vives buscando la aprobación de las personas, morirás por su rechazo”  y esto me hizo meditar en el ejemplo de Jesús.  Durante su vida en la tierra, Jesús no rechazó a nadie, sin importar quiénes eran o de dónde venían.  Él se sentaba a la mesa y comía con personas que tenían un pasado no muy enorgullecedor.  En vez de adaptarnos a lo que el mundo dice, tenemos que aprender a ser más como Él.

Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros.” (Juan 13:34) Al leer esto descubrí que lo único que quita todo requisito o toda lista de aprobación es el amor. Así que en vez de rechazar, demos amor, en vez de juzgar, seamos amor y en vez de ser nosotros, seamos Jesús.

Escrito por: Liza Alvarez